martes, 29 de enero de 2019

Espejos rotos - Argos



Te amo, me odio, tengo miedo, te extraño.
Te amo, me odio, llorando, quemando.
La noche y la soledad abrigan mi corazón.
Y yo te amo, te amo, te amo.
Y muero y revivo, y muero y vivo.
Encontré oro en mi dolor, la sangre no olvida después de todo.
Logré reir sin vos, al parecer puedo.
Logré dormir sin vos, al parecer puedo.
Quiero vivir sin vos, pero no quiero.
No quiero, no quiero, no quiero..

sábado, 26 de enero de 2019

El gato en la ventana - Argos


Eran casi las 3 de la mañana y yo seguía resumiendo y repasando en voz alta mirando al espejo para la evaluación de derecho social que tenía en unas cuantas horas. Me preparaba café cada 30 minutos, estaba totalmente despabilado, yendo y viniendo por todo el departamento.
 Mi departamento es chiquito, básicamente un cubo de cemento con puerta y una ventanita que da al patio de la viejita de al lado, compartimos patio nosotros. En mi departamento solo tengo lo necesario y además es mejor, porque tengo todas las cosas a mi alcance, puedo volver al estudio rápido, sin distraerme con tantos asuntos.
Ya eran las 3 de la mañana en punto, terminé de repasar lo último de derecho laboral y derecho migratorio, cuando voy a apagar la luz para ya dormirme, veo sentado muy tranquilamente del otro lado de la ventana un gato, un gato blanco con ojos grandes y amarillos, con una cola negra que lo rodeaba pegada al cuerpo. A mí me gustan los animales pero ese gato me dio miedo, no por nada extraño si no por cómo me miraba, desde hace cuánto estaba ahí sentado espiando?
Me acerqué y con mi dedo índice le hice un toque amistoso en el vidrio de la venta. El gato me seguía mirando fijamente a los ojos, como esperando que hiciera algo, como vigilante. Nos mirábamos a los ojos sin movernos con el gato, pasó a ser un desafío de miradas, el que pestañaba perdía, el que se movía perdía, el que miraba para otro lado perdía. “Te voy a dejar ganar” dije tirándole una sonrisa al gato y cerré la cortina y me fui a dormir. Ya era muy tarde.
El día siguiente al volver de la facultad, estaba un poco estresado, la evaluación estuvo compleja, pero nada de otro mundo. Me acuesto para dormir una siesta y despierto en plena oscuridad, no sé ni cuantas horas dormí, ya estaba de noche; me levanto a tomar agua y veo penosamente un bulto en las cortinas. Abro y era el gato blanco otra vez en la ventana, casi como una estatua estaba en la misma posición que la noche anterior. Me asustó un poquito lo admito. Abrí la ventana para darle algo de picadillo, capaz tiene hambre, me dije. Pero a penas abro la ventana el gato de forma agresiva y al mismo tiempo como si estuviese asustado, como si me tuviese miedo, maúlla como el típico gato en celo y me muestra sus colmillos amenazándome. Al momento entendí que el gato no quería contacto más allá del que teníamos, él de aquél lado de la ventana y yo de éste.  Lo entendí porque además de ver sus colmillos no tan grandes pero amenazadores también vi su cola negra crispada y electrizada.
Al ver esta reacción del gato me asusté y como acto reflejo le golpeé la ventana gritando “¡SHUU SHUUU! ¡GATO DE MIERDA! ¡FUERA! ¡FUERA!”
El gato se fue lo más rápido que pudo y yo comí algo y seguí durmiendo…
Fueron muchos días en los que se repetía esto, semanas y semanas de que encontraba a este mismo gato incansable, en la ventana de mi departamento, con mirada vigilante y con esos ojos amarillos desafiantes, tenía pesadillas con el gato, a veces pensaba que hasta me seguía a la facultad o que me miraba por la ventana mientras dormía. ¿Hace cuánto llevaba haciendo esto? ¿Por qué yo?
La viejita de al lado tiene gatos, ya la he estado viendo cuidadosamente, la típica vieja solterona que llena el vacío de su corazón a puro gato, tiene 10 gatos y todos son negros, ¿o eran 11?; nunca lo vi a mi amigo el acosador.
 Todo se fue a la mierda cuando escuché un maullido, casi un grito de mujer desesperada debajo de mi cama. Me levanté espantado. Y ahí estaba el gato blanco del demonio, que no me dejaba tranquilo. ¡Si lo hubieran visto, casi que podía hablar!, casi que le entendía lo que decía. Me asusté mucho y con mucha velocidad escondida por años en el interior de mis huesos, agarré la escoba. Miles de años que no me asustaba, pero mi instinto del miedo estaba ileso al paso del tiempo.
 A mí me gustan los animales, pero este, ya me colmó la paciencia. Tengo que matarlo, lo voy a matar.
Agarro la escoba por la parte del cepillo y lo intento golpear con la punta del palo. Debajo de la cama hacía ruidos aterradores, y yo gritaba “¡CALLÁTE, TE VOY A MATAR HIJO DE PUTA, YA ME CANSASTE!”. Y el gato seguía haciendo estos ruidos espantosos, creo que lo escuché reírse a carcajadas. Ya no sé qué pensar.
Los primeros golpes que le tiré no le hice nada. Lo vi que salió corriendo para la ventana que estaba abierta, se escapó. Un cagón, era desafiante y ahora que lo tenía arrinconado era un cagón.
Entonces salgo a buscarlo a fuera, esta era la última vez, era definitivo.
Veo que se metió por la ventana de la casa de la vieja. ¡YO SABÍA!
Golpeo la puerta a la anciana y no me atiende. Bueno es normal, eran como las 3 de la mañana, capaz dormía la vieja. Así que, me meto por la misma ventana por donde entró el gato sin pensarlo dos veces. Veo a los 10 gatos negros asustados mirándome y escondiéndose de mí, pero no veo ni al gato blanco ni a la vieja, capaz estaba con ella.
  Instintivamente agarré la plancha que estaba arriba de la mesa y subí las escaleras para la habitación de la vieja. Abro la puerta y veo el gato en la cama, pero la vieja no estaba. Lo quedo mirando, lo desafío, y sentí que se me iba a escapar de nuevo, así que antes de que se moviera se la tiré, le tiré la plancha. Le pegué justo en la cabeza antes de que se escapara. El golpe fue tan fuerte que uno solo bastó, pero yo, estaba tan encarnizado que agarré la plancha con violencia y lo golpeé, y golpeé, y lo seguía golpeando. Está demás decir como quedo mi ropa y la pieza de la vieja, un desastre. Pero este hijo de puta no me molesta más.
Voy al baño a lavarme las manos y vuelvo para limpiar el desastre de sangre que hay en la pieza.
Y lo que pasó es imposible, el gato ya no estaba, la sangre ya no estaba, arriba de la cama estaba la vieja. Con sus pelos canosos que le tapaban media cara, y con sus ojos amarillos me miraba y se reía despacito, “je jeje ji jiji”. Dijo unas palabras raras, en forma de canción, que no tenían ni un sentido. Yo no entendía nada, mi cara se puso perpleja y la vieja seguía riendo, “jeje je, jiji ji” Entonces salí corriendo de la habitación, pero al llegar a las escaleras tropecé, me golpeé la cabeza y me desmayé.
Cuando al fin despierto, veo a mí alrededor a 10 gatos negros muy asustados ¿o tal vez 11?, veo a la vieja con sus pelos blancuzcos y sus dientes picados que sonreían mientras se mordía el labio. Sostenía en sus manos arrugadas y manchadas con sus uñas largas y mugrientas un espejo redondo y antiguo. Ya no era yo, ya no era un hombre, no era un humano, era un gato, un gato negro.


jueves, 4 de octubre de 2018

El hombre invisible - Argos

_Bueno don Miguel, cuénteme su historia.
_Odio a la gente... bueno, no a toda, por supuesto, ¡odio a la gente pesada!, ¡a los hipócritas!, ¡a los chismosos!. Básicamente odio a mis vecinos. ¿usted, no odia a sus vecinos?, ¿no?, ¿usted tiene vecinos?.
  Yo tengo muchos vecinos, al vivir en un complejo de departamentos tengo uno arriba, uno abajo, uno al frente y uno al lado, pegado al dormitorio.
   A veces llego agotado del trabajo, con ganas de relajarme, tomar una copa de vino francés y leer algún clásico de Dostoievski, ¿leyó usted 'Crimen y castigo'?. Me encanta escuchar a Luciano Pavarotti antes de dormir, me encanta Pavarotti, -¡Neeeeessun Dormaaaaaa!, ¡ay, la sua bella voce prima di dormire!.
   Una noche llegué del trabajo, con un día espantoso, quise hacer mi rutina para desestresarme un poco y los escucho cuchichear, con esas músicas lasivas de fondo, si es que se puede llamar música a lo que esa gente obsena y sin talento hace.
   Eran las 3:00 a.m y como siempre, me costaba conciliar el sueño por lo obvio. Tenía la oreja pegada a la almohada y estaba tapado hasta el cuello, pero pude escuchar que estaban hablando de alguien. Cómo no entendía lo que decían y no tenía sueño, agarré un vaso de vidrio y lo puse en la pared haciendo presión con mi oreja pegada a la base. "¡Es increíble!" pensé. No sabía que iba a funcionar, yo lo hice por ver muchas películas nada más, se escucha clarito, ¿lo ha intentado?, no sabe lo que se pierde, no creerá lo nítido que se escucha, es como estar ahí, como estar ahí pero sin estar ahí, ¿me comprende?, es como ser invisible ¿me entiende lo que le digo?.
   No sé por qué sospeché yo que hablaban de mí, así que empecé a hacer esto más seguido, a veces no me daba ni cuenta cuando lo hacía, al principio me dio un poco de vergüenza, ¡pero más vergüenza les tiene que dar a ellos, hablar terribles cosas!.
  Una noche escuché mujeres riéndose , pero riéndose como locas, ¡como locas!, esto me despertó y rápido y sin pensar me levanté de la cama en medio de la oscuridad y agarré el vaso que estaba al lado de mi cama y lo coloqué suavemente en la pared, de forma artesanal casi, y entoces escucho que le dice una a la otra que va adejar al marido, que lo está engañando con otro, y la otra se reía y la aplaudía  y le festejaba como simio. Hasta ahí todo normal, ¿vio?, hasta que se escuchó que entró alguien más y se callan, ¡pero un silencio funesto!. "Debe ser el cornudo", dije en voz alta sin querer, cuando dije esto me ruborice, que crean que los espío, ¡ay no, que vergüenza!.
   Hubieron dos semanas corridas que ya no se escuchaba nada, me ponía con mi vaso en la pared y nada, ni un susurro. Yo pensé, "se dieron cuenta, que los escucho como un loco, que vergüenza, que vergüenza tengo", "tengo que ir a disculparme" me dije, y fui decidido hacia la puerta para hacer lo propio de un señor como yo, de alguien de mi clase, se me pasó el odio, la vergüenza lo abarcó todo.
   Cuadno estaba con un pie afuera de mi departamento escuché un sonido de al lado nuevamente, parecían risas, cuchicheos y risas. Me detuve un segundo y me pregunté... ¿estarán hablando de mí?, agarré mi vaso para verificar, y sí, efectivamente, estaban diciendo las cosas más horrorosas y vergonzosas de mi persona, que los espiaba, que estaba loco de remate, que era un raro, cornudo, ¿¡yo cornudo!?, ¡mi esposa murió hace años!, ¡irrespetuosos!,¿faltarle el respeto a un muerto?. Me acordé de mi odio, busqué el cuchillo más grande y afilado de mi cocina y me fuí cómo un tornado, como un demonio, alguien se apoderó de mi cuerpo. Entonces entré y sin decir nada le di 50 puñaladas a cada uno, a las mujeres y al cornudo, bueno a el cornudo le di menos, porque me dio lastima ¿vio?, y bueno, así fue que terminé acá.
   He tenido el tiempo suficiente como para preguntarme si aquella vez que dije "Debe ser el cornudo" lo dije a propósito para que me escuchen, para que se enteren los espiaba, o tal vez no, tal vez se me escapó en serio. Pero después me pregunto si en verdad era yo del que hablaban esa vez, al que le decían todas esas cosas horrorosas, tal vez no hablaban de mi.

*El psiquiatra interrumpió la entrevista y le contó al entrevistador, un joven psicólogo, que Miguel mentía, que nada de eso pasó, que siempre contaba una historia diferente pero su favorita era la del vaso, le contó que Miguel había sido engañado por su esposa con su mejor amigo y entonces perdió el juicio y la asesinó a golpes de puños y cuando estaba ya muerta a él no le importó y la acuchilló hasta borrarle los rasgos de la cara y escribirle "PUTA" en sus pechos con el cuchillo. El entrevistador volvió a sentarse junto a don Miguel, y este, con un vaso vacío en su mano derecha le dijo; ¿estaban hablando de mí?*

Jorge el curioso - Argos

     Mi nombre es Jorge, yo nací en rosario, pero no me crié ahí… al poco tiempo de mi nacimiento, mi madre se va al Sur en busca de estabilidad económica. Padre nunca tuve, ni siquiera un mísero recuerdo de su cara, sólo tengo las historias que me contaba mamá. -“Tu papá no te quiere, cuando se enteró que estaba embarazada se fue. No te quiere”-, decía mamá cada vez que le preguntaba por curiosidad. Era sólo curiosidad, yo veía a los compañeritos de mi escuela con sus dos papás y me ponía a pensar, “¿Por qué papá no me quiere?”, todo esto solo por curiosidad, la verdad que no me importaba tener un papá, bah, que se yo, no sabía lo que era un padre, así que no me despertaba más que una intriga que poco a poco se iba haciendo más punzante.
     Hoy mi madre murió, tuvo una intoxicación. Por dos días seguidos estuvo en su habitación, nunca había estado tanto tiempo encerrada, pero para mí era normal que se encerrara en su pieza, ella tenía depresión y solía quedarse encerrada para que no la vea llorar, igual yo sabía que se encerraba a llorar, pero no quería que se enterara que yo sabía, tal vez si se enteraba eso la ponía peor.
     Ese día pensé que se había enojado conmigo y no me quería hablar, pensé que no me quería ni ver. Igual ni me molesta, yo ya estoy acostumbrado a que no me quieran ni ver, pero, por curiosidad golpeo la puerta del cuarto de mamá y nadie me contesta. Ya estoy acostumbrado a que no me quieran ni hablar, uno se siente muy solo, pero yo no estoy en una torre de marfil o no sé qué mierda, a mí me importa mucho que los demás me den bola, en verdad, no tengo ningún problema en decir que me importa mucho la opinión ajena, sí que me importa, mucho, y que sea buena me hace mucho bien, no quiero ser hipócrita ni nada.
    Un olor repugnante me atacó a las narices a penas abrí unos centímetros la puerta. Entro y la veo con la mitad del cuerpo en la cama y la mitad en el piso. Vi el frasquito en su mano y al instante me di cuenta de lo que había hecho. Se mató. Me puse triste, pero mamá se hubiera enojado si lloraba, ella nunca le gustó que llorara. Cuando era niño y me mandaba mis macanas bobas, típicas de niño, cómo ir a comprar y que el almacenero me cobre de más, ¡uff, mamá se volvía loca con esas tonteras mías!, me daba mis buenas nalgadas y coscorrones, y me mandaba al almacén a hablar con el almacenero a que me devuelva la plata. “¡Hágase machito, carajo!, me decía mientras me tironeaba del jopo. O si no cuando me caí y me rompí el cúbito. Ahora no recuerdo si la fractura fue por el golpe o fue mamá tratando de corregirme y de hacerme machito. A pesar de todo el esfuerzo que hizo mi mamá tratando de corregirme y llevarme por el buen camino, le fallé. Yo soy lo contrario a lo que se dice “machito”, pero no es culpa de mamá, ella hizo lo que pudo.
     Que valiente mi mamá. Papá no la trataba bien, se fue lejos de su casa, con un hijo, al cual no quiso su propio padre. Yo me hubiese matado antes.
     Que valiente fue mi mamá. Yo la quería más tiempo conmigo, era la única persona que tenía, nunca nadie me entendió jamás como mamá.
     Yo soy un cobarde, no salí a mamá, desde chico lo soy y esto me ha impedido hablarle a las chicas o hacer amigos, hasta en el trabajo soy cobarde, no me animo a hablar con mi jefe, no me animo a pedirle favores a mis compañeros, le tengo miedo al desempleo, tengo miedo a fracasar en todo. Pero mamá no, mamá es muy valiente.
     Ella siempre me incentivó a pelear por mis sueños, a pelear por mi creatividad, por mi imaginación. Si, pelear por mi imaginación. Sé que suena raro, pero yo soy un tipo muy curioso, muy imaginativo. Me encantan las artes, todo tipo de artes, música, cocina, pinturas, pero mi favorita es la poesía, se me ocurren varios versos durante el día y ni que hablar durante las noches de insomnio. Por esto leo mucho la biblia, me encanta leer la poesía de la biblia, me parece maravillosa, la leo todos los días.
     Una mañana, en la iglesia que íbamos  con mamá, por qué nosotros somos muy cristianos, le dije al pastor que yo veía a Jesús como un poeta, que expresa su enseñanza a través de parábolas y al diablo como un comediante que se dedica a entretener al público. Yo sabía que no le caía bien a la gente de la iglesia, ni siquiera al pastor, mi mamá también sabia eso, pero no faltábamos por nada, somos muy cristianos nosotros, como dije.
    Yo sabía que ella no se iba a animar sola, así que la ayudé, al fin pude ser el machito que necesitaba mamá que fuera. No me da vergüenza para nada decir esto, yo sabía que mamá quería que la ayude, yo sabía que quería esto, ella me lo decía, no con palabras, pero si con su caminar, con su mirada, con el encierro de su alma y de su mente, con su silencio.
    Entré a su pieza y me fui directo al último cajoncito de su armario donde tenía una farmacia en miniatura y puse unas píldoras de cianuro de potasio, conocida como la píldora del suicidio o píldora letal, haciendo justicia a su labor. Por curiosidad entré a una página de internet que tenía información de la pildorita. “La muerte cerebral ocurre en minutos y los latidos del corazón cesan poco después”, rápidamente al leer esto pensé en mamá. “Es lo que ella necesita” me dije. ¿Y qué es lo que yo necesito?. Yo necesito ver a mamá en paz, ella sufre mucho. Pero… es tan valiente mamá.
    Mi mamá me dijo la tarde anterior a que se quedara encerrada en su habitación, que papá seguía viviendo en Rosario, me mostró unas fotos de él, de cuando estaba embarazada. Estaban juntos y se los veía felices. Ahora que lo conozco, puedo preguntarle por qué no me quiere.
 Tal vez sea momento de ir a visitar a papá… sólo por curiosidad.

jueves, 27 de septiembre de 2018

La verdad de tu abrazo - Argos

Esperanzado mi corazón llora.
Mi vida, mi amada, no te alejes de mi soledad.
Encarcelado al tiempo mi llanto.
Mi vida, mi amada, llévame, pues tuyo soy.

En el silencio que separa y en las palabras que  nos unen,
mi beso, mi sangre, mi humanidad te doy.

¡Ay de mí! ¡Atesorado azar!

En la tormenta, derramo lágrimas sobre tu espalda y veo amainar el viento que descansa en tus mejillas.
En las aguas que golpean o en las aguas que bailan tal vez mi canto muera joven.
Aunque la muerte queme mis pensamientos,
no hay fuego alquimista que transforme en cenizas mi amor.

¡Pues en palabras me entrego, tuyo ya soy!


martes, 25 de septiembre de 2018

El acuerdo - Argos



-Active a SK-37 cabo Robinsson, tenemos un código rojo en la zona sur-. Esas fueron las palabras del comandante de ingeniería e inteligencia artificial militar.
-¡Si señor!-.
-Hola cabo... Robinsson 287, comuníqueme la situación- Fue lo primero que dijo la maquina al abrir sus ojos. El cabo Robinsson miró al robot con extrañeza, se preguntó el porque del numero "287", fue tal su extrañeza que se lo preguntó al dispositivo SK-37. -¿Por qué me llamas así SK-37, por ese número?-. El robot, que estaba con la mirada perdida a unos 20 metros mas allá del cabo Robinsson, dirigió su mirada fría y vacía hacia sus ojos y le respondió.
-Disculpe cabo... Robinsson 287, pero no estoy habilitado para informar a nadie de su rango sobre archivos clasificados, ahora por favor, no trate de demorar mas el asunto y comuníqueme sobre la situación-. -Emn... si, si, a la orden SK-37, tenemos un código rojo en la zona sur, el comandante Watson quiere que vayas a resolver el asunto-. El robot volvió a mirar unos 20 metros más allá del cabo Robinsson y al paso de unos segundos, volvió su mirada hacia el cabo y le respondió con un movimiento de cabeza afirmativo y se dirigió a la zona sur de la planta a toda velocidad, parecía correr como un animal salvaje aunque sólo portaba dos piernas humanas.
   Cuando SK-37 llegó a la zona sur de la planta vio un cabo totalmente loco, atrincherado en un rincón de la fabrica de armas y municiones, disparando a discreción un fusil de asalto. Varios guardias intentaban detenerlo con armas eléctricas pero murieron en el intento. El SK-37 logró atravesar el campo de batalla sin ninguna dificultad, saltando mesas, cintas transportadoras, hasta esquivando cadáveres y balas. En cuestión de un minuto llegó hasta el cabo no identificado.
 -Hey pedazo de chatarra, más te vale que te alejes de mi y no intentes nada raro porque te vuelo la cabeza...-
El SK_37 respondió serenamente -Por favor suelte el arma, no te haremos daño, sólo arreglaremos la situación-
-Ni hablar, no te creo... sólo quiero irme de este lugar espantoso-
-¿Qué es lo que ocurrió cabo... Smith 164?
-¿Co... cómo es que sabes mi nombre pedazo de chatarra?
-Soy un robot diseñado para saber todo lo que quieren mis creadores que yo tenga que saber, Cabo... Smith 164.-
-Si sabes tanto. ¿Cómo salgo de aquí? ¿y que es esa mierda de 164, a caso es mi número de registro?
-Disculpe cabo...Smith 164, pero no estoy habilitado para informar a nadie de su rango sobre archivos clasificados, ahora por favor, no trate de demorar más el asunto y entréguese.
-Me lo imaginaba. Te ofrezco un trato pedazo de chatarra. Tu sabes como salir y yo sé algo que tu quieres saber y que no sabes, porque tus creadores no quieren que sepas...
-¿De qué se trata Cabo... Smith  164?
-Tú antes de ser el pedazo de chatarra con carne que eres ahora, fuiste en algún momento un hombre, de carne y hueso nada más, como yo y como todos estos cadáveres que están rodeándonos y como todos los guardias que están esperando que salga para dispararme.
El SK-37 se quedó unos instantes mirando a la nada, como lo haría cualquer ser humano desconcertado, entonces empezó a pestañear sucesivamente y con fuerza, como tratándose de un tic nervioso, se escuchaba a metros como sus circuitos craneales producían unos ruidos por procesamientos muy forzosos, tanto que hasta parecía salir humo de la oreja izquierda. Luego, cuando se repuso de la situación, volvió su mirada fría y vacía hacia los ojos del cabo Smith y dijo,
-Trato hecho, te ayudaré. Sígueme...¡Ahora!-

         Y salieron corriendo a toda velocidad, escapando ambos de los disparos eléctricos que le pasaban a centímetros de golpearlos, empezaron a subir unas escaleras y escucharon que una alarma ensordecedora sonaba. Smith trataba de seguirle el paso a SK-37 pero no se le acercaba ni diez metros que el SK-37 ya estaba diez metros más adelante. Corrieron por un pasillo y atrás se escuchaba que venían decenas de guardias armados y la alarma seguía sonando incansable. Corrieron hasta llegar a un ascensor muy grande y se dirigieron al piso más bajo, dónde estaba el cuartel general de ingeniería e inteligencia artificial militar.
-Un momento...- dijo Smith. -¿estamos yendo con el comandante?, ¿a caso me has tendido una trampa pedazo de chatarra?. El SK-37 como era de esperarse le respondió sin mirarlo y con serenidad en su hablar.
-No te he engañado cabo... Smith 164, el comandante es el único autorizado a salir de la planta y el único que autoriza quien sale y quien no sale de la planta, si queremos salir lo necesitamos-
El cabo Smith se quedó mudo. El SK-37 lo miró directamente a sus ojos y le preguntó. -¿y tú cabo...Smith 164, me estás engañando?, ¿cómo es que sabes que antes fui humano?
-Yo trabajo ensamblando armas, tu eres un arma, yo fuí uno de los que ayudó a ensamblarte y te reconstruimos a base de alta ingeniería mecánica y pedazos que quedaron de un tal Steven King o Stephen Kiddman o algo así, que se yo, he ayudado a hacer cientos como tú pedazo de chatarra, y todos son de carne muerta y circuitos...
Cuando el ascensor se detuvo había unos cincuenta soldados esperando a que salieran. A penas fueron vistos dispararon sus armas de electricidad.
El SK-37 fué diseñado cómo el arma inteligente más poderosa del mundo, pudo haber acabado con hasta cien soldados en cuestión de minutos. Pero los datos e información de los que estaba hecho se lo denegaban. Así que saltó esta regla golpeándolos y dejándolos inconscientes. En tan sólo unos segundos dejó inconscientes a la mitad de ellos y luego se mantuvieron escapando de los disparos como podían.
    Llegaron a la cabina del cuartel general donde se encontraba el comandante, y antes de que el comandante pudiera vociferar una sola oración, el SK-37 lo tomó por el cuello con una violencia infrahumana y le preguntó con su serenidad característica de una maquina fría y calculadora -¿Dónde está la tarjeta de acceso comandante... Watson 628?
-Ess...tan..rodeados- dijo el comandante articulando sus palabras como pudo. No mentía, afuera estaban todos los soldados de la planta. Alrededor de 800 soldados con armas de asalto y armas de energía eléctrica se dirigían a ellos. Sólo los separaba unos cuantos metros y una pared de una muerte segura.
           El comandante sacó de su bolsillo una tarjeta y se la entregó a Smith, el SK-37 soltó al comandante y en unos minutos estaban corriendo por un pasillo subterráneo dirigiéndose a la salida.
          Abrieron la puerta con la tarjeta de acceso del comandante y salieron a la luz solar sofocante del desierto. No había nada más al rededor que tierra, montañas, mucho viento y un helicóptero con un hombre de traje. Este hombre estaba acompañado de cinco uniformados a su alrededor apuntando con armas nunca antes vistas en la planta.
Los uniformados dispararon y el SK-37 tomó a Smith y saltó unos treinta metros. Los disparos de esas extrañas armas explotaron desintegrando todo a unos diez metros a la redonda y dejando un gran hoyo donde fue el impacto. El SK-37 se alejó junto con Smith en su espalda saltando increíblemente alto y corriendo a toda velocidad por el desierto, hasta ya no poder verse con ojos humanos.
         El comandante Watson por fin salió de la planta acompañado de sus soldados. Se dirigió a hablar con el hombre de traje. El comandante estaba apenado por lo ocurrido y se disculpó con el hombre de traje mil veces. El hombre de traje sin responder y ni siquiera ver a los ojos al comandante se subió al helicóptero en silencio con sus uniformados y ya estando en vuelo, sacó un dispositivo de extraña tecnología de un maletín y por fin habló, y dijo,
 -No quería que llegáramos a esto, fue un trabajo de largos años, es lamentable en verdad. Estos robots cada vez nos traen más problemas que soluciones... el presidente va estar furioso-, y apretó un botón del dispositivo.
         El comandante, los aproximadamente 800 soldados, el SK-37, Smith e inclusive toda la planta volaron en pedazos mientras el helicóptero se alejaba.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Juicio al reloj

Ya era tarde, estaba llegando terriblemente tarde, a pesar de que corriera como un loco sabia que no iba a llegar a tiempo. Simplemente no podía permitirme que me pasara esto otra vez, de nuevo a mí, pareciera que soy el blanco preciso del infortunio.
       Todos me miraron en la habitación y en sus rostros pude ver la decepción que se les desprendía de sus ojos al verme, hasta mi madre lo hacía, incluso mi mascota. Mi querido Napoleón, con sus rulitos blancos y su patita renga, incluso él parecía rendirse a mis intentos tristes. Tal vez exagero, nunca sirve de nada quejarme de mi mismo.
       Estaba transpirado y agitado, sentado en un rincón de la sala, hasta que vi a mi padre y me acerqué a él, y antes de que le pudiera decir nada me miró con sus ojos de relámpago a los que de niño no podía ver sin tener pesadillas por las noches y me dijo con su voz ronca y su aliento agrio por el pucho -No te puedo confiar una sola cosa-. No le pude retrucar nada, sabía que tenia razón, otra vez estaba yo decepcionando. Quise decirle que se me había hecho tarde por el reloj, que mi reloj se
descompuso, que está atrasado, que fue el culpable de que yo llegara en un pésimo momento, pero cuando estuve a punto de abrir la boca, se me adelantó y me dijo -No importa, tu hermano murió y ahora está bajo tierra, nada de vos puede arreglar esto, ni siquiera tu pretexto más inteligente-. Quería pegarle una trompada en la cara apenas terminó de escupir el veneno pero solo apreté los labios, tragué la silaba amarga con unas nauseas asquerosas y me dediqué a llorar. Cuando todos ya se fueron yo todavía seguía ahí, tirado en la tierra recién removida y húmeda, tocando con mi mano un tallo de césped solitario y haciéndole rulitos, abandonado en la noche, con un silencio asesino y un ruido infernal en mi cabeza, un panal de abejas enfurecidas suplantó a mi cerebro y mi cara se fue tornando blanca como un papel. Traté de pensar qué hacer, a dónde ir, con quién ir, pero nada parecía tener sentido, sólo tomé el primer bondi que pasó. Al rato me encontré frente a la puerta de una antigua novia de mi adolescencia, toqué timbre y al pasar unos minutos, me abrió su puerta. Estaba tan cambiada que pensé que me había equivocado de casa, le pregunté si no le molestaba que pase a tan altas horas de la noche y me contestó que no, que se había tardado porque tampoco me reconoció al verme por la ventana. Me invitó a pasar, tomamos unos mates dulces, que por cierto, siempre hizo unos muy ricos mates dulces. Después de contarle la mitad de la historia, como siempre, confundí su hospitalidad con lujuria acumulada por el tiempo que nos separó y nos dejó tan irreconocibles el uno del otro, -Ya es muy tarde para esto-, -Es muy tarde para nosotros-, -No hay vuelta atrás-. Tal vez no fueron en ese orden sus palabras, pero otra vez yo estaba caminando sin paradero alguno por la fría noche, al parecer no tenia nada por lo que esforzarme ni tampoco algún lugar a dónde ir. En la calle me encontré tirado un librito todo viejo y rotoso, y sucio, y con manchas de humedad. "EL RELOJ CULPABLE" decía en mayúsculas, sólo tenia el título del libro, ni editorial, ni autor, ni nada. Sólo eran unas 40 páginas, que terminé de leer en una plaza pública. Le faltaba el final, la última página había sido arrancada, como con desprecio saqué una lapicera de mi saco y a letra desprolija me puse a inventar un final para la historia, un final como en los cuentos de mi infancia, donde el tiempo parecía estar congelado, un final como aquellos que me dejaban boquiabierto y en donde la muerte se pagaba con un juicio al tiempo.

Extravío

Mariana me pegó una cachetada que me voló los lentes de un lado de la habitación hacia el otro. Los demás presentes en la habitación, Pablo ...