Entré en suspenso,
junto con el árbol que me vio nacer.
Le abrí la puerta a la vida que albergaba el Sol y su calor.
Sin pedir nada a cambio,
soporté la noche y su frío.
Al parir, mi conciencia nacía todos los días en mi cuerpo.
Solo deseo calor,
en la tibieza de tu abrazo,
como un animalito dormido.
No es una obligación, ni tampoco un reclamo,
es un decir por lo bajito que anhela ser escuchado
Y con el viento de la distancia, se vuelve necesidad de abrigo,
en busca del reflejo de tu mirada,
de tu mirada más sincera.
Arte ilustrativo: Picasso - "La lección"
domingo, 19 de mayo de 2019
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